Ensayo sobre otra de las actitudes negativas de nosotros los mexicanos: El Egoísmo.
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martes, 25 de septiembre de 2012
viernes, 7 de septiembre de 2012
Ignacio Zaragoza
Cuando el presidente Comonfort fue derrocado, Zaragoza se hallaba en la ciudad de México y, liberal convencido, emprendió la defensa de la Constitución de 1857. Luego marchó al norte uniéndose a Santiago Vidaurri, y cuando fue nombrado el nuevo gobernador, Aramberri, Zaragoza se apoderó de Monterrey (1859).
Durante la Guerra de Reforma, los ejércitos liberales de Zaragoza y de José López Uraga tenían como propósito tomar Guadalajara; la sitiaron por primera vez en mayo de 1860. Durante la batalla cayó herido López Uraga y su puesto fue ocupado por Zaragoza, aunque tuvieron que retirarse ante la proximidad de las fuerzas de Miguel Miramón. Tras detener a los conservadores en el camino a Manzanillo, se unió a las fuerzas de Jesús González Ortega.
Ambos ejércitos se dirigieron de nuevo a Guadalajara, pero en Silao se enfrentaron con el de Miramón, al cual lograron diezmar. Sitiaron la ciudad, que estaba en manos del general Leonardo Márquez, y la tomaron en octubre del mismo año de 1860. Zaragoza fue ascendido a general y marchó junto con González Ortega hacia Calpulalpan, en donde obtuvieron un sonado triunfo. El presidente Benito Juárez nombró a Zaragoza ministro de Guerra y Marina en 1861.
Zaragoza renunció a su cargo para participar en la guerra contra los franceses al frente del recién formado ejército de Oriente, a quienes enfrentó primero en las cumbres de Acultzingo y después los esperó en Puebla, en sus cuarteles de los fuertes de Loreto y Guadalupe. Ahí venció a las fuerzas del conde de Lorencez (1862), tras rechazar a los invasores tres veces y lanzar a la caballería al remate, haciendo que los franceses se retiraran. Zaragoza se trasladó rápidamente a la ciudad de México y volvió a Puebla en donde murió repentinamente de una fiebre tifoidea.
domingo, 26 de agosto de 2012
RUFINO TAMAYO
(Oaxaca, 1899 - Ciudad de México, 1991) Pintor mexicano. Figura capital en el panorama de la pintura mexicana del siglo XX, Rufino Tamayo fue uno de los primeros artistas latinoamericanos que, junto con los representantes del conocido "grupo de los tres" (Rivera, Siqueiros y Orozco), alcanzó un relieve y una difusión auténticamente internacionales. Como ellos, participó en el importante movimiento muralista que floreció en el período comprendido entre las dos guerras mundiales. Sus obras, sin embargo, por su voluntad creadora y sus características, tienen una dimensión distinta y se distinguen claramente de las del mencionado grupo y sus epígonos.
Rufino Tamayo
Coincidiendo en sus aspiraciones con el quehacer del brasileño Cándido Portinari, el trabajo de Rufino Tamayo se caracteriza por su voluntad de integrar plásticamente, en sus obras, la herencia precolombina autóctona, la experimentación y las innovadoras tendencias plásticas que revolucionaban los ambientes artísticos europeos a comienzos de siglo. Esta actividad sincrética, esa atención a los movimientos y teorías artísticas del otro lado del Atlántico lo distinguen, precisamente, del núcleo fundamental de los "muralistas", cuya preocupación central era mantener una absoluta independencia estética respecto a los parámetros europeos y beber sólo en las fuentes de una pretendida herencia pictórica precolombina, resueltamente indigenista.
También desde el punto de vista teórico tiene Tamayo una personalidad distinta, pues no suscribió el radical compromiso político que sustentaba las producciones de los muralistas citados y prestó mayor atención a las calidades pictóricas. Es decir, aunque por la monumentalidad de su trabajo y las dimensiones y función de sus obras podría incorporarse al movimiento mural mexicano, diverge, no obstante, por su independencia de los planteamientos ideológicos y revolucionarios, y por una voluntad estética que desarrolla el tema indio con un estilo más formal y abstracto.
Nacido en Oaxaca, en el Estado del mismo nombre, hijo de indígenas zapotecas y, tal vez por ello, sin necesidad de reivindicar ideológicamente una herencia artística indígena que le era absolutamente natural, Rufino Tamayo fue un pintor de fecunda y larga vida, pues murió a la provecta edad de noventa y tres años, en Ciudad de México, en 1991.Su vocación artística y su inclinación por el dibujo se manifestaron muy pronto en el joven y su familia nunca pretendió contrariar aquellas tendencias, como era casi de rigor entre los jóvenes mexicanos que pretendían dedicarse a las artes plásticas.
El pintor inició su formación profesional y académica ingresando, cuando sólo contaba dieciséis años, en la Academia de Bellas Artes de San Carlos. Pero su temperamento rebelde y sus dificultades para aceptar la férrea disciplina que exigía aquella institución le impulsaron a abandonar enseguida aquellos estudios y, a finales de aquel mismo año, dejó las aulas y se lanzó a una andadura que lo llevaría al estudio de los modelos del arte popular mexicano y a recorrer todos los caminos del arte contemporáneo, sin temor a que ello pudiera significarle una pérdida de autenticidad.
En 1926, en su primera exposición pública, se hicieron ya ostensibles algunas de las características de su obra y la evolución de su pensamiento artístico, puesta de relieve por el paso de un primitivismo de voluntad indigenista (patente en obras tan emblemáticas como su Autorretrato de 1931) a la influencia del constructivismo (evidente en sus cuadros posteriores, especialmente en Barquillo de fresa, pintado en el año 1938). Una evolución que había de llevarlo, también, a ciertos ensayos vinculados al surrealismo.
Paralelamente, Tamayo desempeñó cargos administrativos y se entregó a una tarea didáctica. En 1921 consiguió la titularidad del Departamento de Dibujo Etnográfico del Museo Nacional de Arqueología de México, hecho que para algunos críticos fue decisivo en su toma de conciencia de las fuentes del arte mexicano. Gracias al éxito conseguido en aquella primer exposición de 1926, fue invitado a exponer sus obras en el Art Center de Nueva York. Más tarde, en 1928, ejerció como profesor en la Escuela Nacional de Bellas Artes y, en 1932, fue nombrado director del Departamento de Artes Plásticas de la Secretaría de Educación Pública.
En 1938 recibió y aceptó una oferta para enseñar en la Dalton School of Art de Nueva York, ciudad en la que permanecería casi veinte años y que sería decisiva en el proceso artístico del pintor. Allí, en efecto, dio por concluido el período formativo de su vida y se fue desprendiendo lentamente de su interés por el arte europeo para iniciar una trayectoria artística marcada por la originalidad y por una exploración absolutamente personal del universo pictórico. En Nueva York se definió, también, su inconfundible lenguaje plástico, caracterizado por el rigor estético, la perfección de la técnica y una imaginación que transfigura los objetos, apoyándose en las formas de la cultura prehispánica y en el simbolismo del arte precolombino para dar libre curso a una poderosa inspiración poética que bebe en las fuentes de una lírica visionaria.
Animales (1941), de Rufino Tamayo
Un año después de su nombramiento como director del Departamento de Artes Plásticas realizó su primer mural, trabajo que le había sido encargado por el Conservatorio Nacional de México y en el que se puso de manifiesto su ruptura con los presupuestos estéticos que habían informado, hasta entonces, las obras de los muralistas encabezados por Diego Rivera, David Alfaro Siqueiros y José Clemente Orozco. En obra mural se percibe un voluntario rechazo a la grandilocuencia y un consciente alejamiento de los mensajes revolucionarios y de los planteamientos políticos esquemáticos que informaban las realizaciones del grupo, lo cual lo enfrentó con "los tres grandes". No puede afirmarse, sin embargo, que su actitud fuera apolítica o reaccionaria, aunque muchas veces se le acusara de ello, pero no cabe duda, y no se abstuvo nunca de decirlo con claridad, que para él la llamada escuela mexicana de pintura mural estaba agotada y que había caído en plena decadencia tras el florecimiento de los años veinte.
La propuesta mural de Tamayo tomaba caminos distintos, innovadores, que desdeñaban las formas más superficialmente populares, folclóricas casi, de la cultura de su país y, por sendas más elaboradas, buscaba la plasmación de sus raíces indígenas y de sus vínculos con la América prehispánica en equivalencias poéticas más sutiles. Aun durante su larga residencia en el extranjero, que se prolongó a lo largo de casi tres décadas, siguió visitando México para encargarse de los trabajos murales que se le encomendaban, muchas veces porque los representantes fresquistas los rechazaban o no podían abarcarlos.
La parte fundamental de su producción, sin embargo, se encauza a través de la pintura de caballete, en la que Tamayo es uno de los pocos artistas latinoamericanos que cultiva la naturaleza muerta (representando objetos, frutos exóticos y también figuras o personajes pintorescos) por medio de una transmutación formal, un elaborado simbolismo de indiscutibles raíces intelectuales y estética experimental que lo alejaron sin duda de la buscada popularidad, pero lo convirtieron en uno de los grandes artistas representativos de la pintura mexicana de la segunda mitad del siglo XX.
Ya a los treinta y siete años, cuando viajó en calidad de delegado al Congreso Internacional de Artistas celebrado en Nueva York, recibió un primer homenaje que le valió, como se ha visto, el nombramiento como profesor de pintura en la Dalton School. Pero puede considerarse que su éxito internacional se consolida cuando, a principios de la década de los cincuenta, la Bienal de Venecia instaló una Sala Tamayo y obtuvo el Primer Premio de la Bienal de São Paulo (1953), junto al francés Alfred Mannesier.
Se inicia entonces la época dorada en la vida y en la producción artística del pintor. Comienzan a llover los encargos y se lanza a la producción fresquista tanto en México, donde realiza su primer fresco del Palacio de Bellas Artes de la capital (1952), como en el extranjero, donde sus obras florecen en los ambientes y países más diversos. Pone en pie así, en Houston, Estados Unidos, el que es quizá su mural de mayor envergadura, titulado América (1956); antes, en 1953, había realizado el mural El Hombrepara el Dallas Museum of Cine Arts; en 1957, y para la biblioteca de la Universidad de Puerto Rico, lleva a cabo su mural Prometeo y, un año después, en 1958, los ambientes artísticos y culturales europeos que tanto le habían influido en sus comienzos le rinden un cálido homenaje cuando realiza un monumental fresco para el Palacio de la UNESCO en París.
Detalle del mural América (1956)
Esta consagración internacional se ve avalada, también, por un largo rosario de galardones, reconocimientos y nombramientos a cargos de organismos artísticos del mundo entero. En 1961 es elegido para integrarse en la Academia de Artes y Letras de Estados Unidos; antes había recibido ya, en 1959, su nombramiento como Miembro Correspondiente de la Academia de Artes de Buenos Aires. Pero el galardón del que se sentiría más orgulloso es anterior a todos ellos: en 1957 había sido nombrado en Francia Caballero de la Legión de Honor, título que siempre consideró como un reconocimiento valiosísimo al proceder de un país que, para él, había sido la cuna del arte de vanguardia.
En 1963 lleva a cabo dos murales para decorar el casco del paquebote Shalom: Israel Ayer e Israel Hoy. Era el resultado de sus amistosas (y controvertidas) relaciones con el Estado de Israel, al que apoyó en los difíciles momentos de su conflicto con los estados árabes a causa del problema palestino. Se explica así que varios museos israelíes, especialmente en Jerusalén y Tel-Aviv, posean numerosas muestras de su producción artística, aunque su obra se ha expuesto prácticamente en todo el mundo y sus creaciones forman hoy parte de las más importantes colecciones y museos internacionales. Los innumerables premios recibidos y las exposiciones individuales que realizó en Nueva York, San Francisco, Chicago, Cincinnati, Buenos Aires, Los Ángeles, Washington, Houston, Oslo, París, Zurich o Tokio dispararon su cotización artística, que en las décadas de los ochenta y noventa alcanzaría valores astronómicos en la bolsa del arte.
Al iniciarse la década de los años sesenta, Rufino Tamayo regresó a su México natal. Su obra revelaba ya la madurez de un hombre que ha bebido de las más distintas fuentes estéticas e intelectuales, integrándolas en una personalidad artística profundamente original. Pese a considerarse a sí mismo "el eterno inconforme con lo que se ha pretendido que es la pintura mexicana", no cabe duda de que Tamayo es un crisol en el que se amalgaman las más vivas tradiciones de su país y las investigaciones estéticas en una síntesis superior de personalísimas características e innegable fuerza expresiva.
Hombre de pocas palabras en su vida cotidiana (consideraba que el pintor debe manifestarse con sus pinceles y que la única razón de una obra es la propia obra), en la producción de Tamayo sorprende la exquisita disposición de los signos que junto a las superficies que comparten se disputan a veces la tela; hay en el volumen de su materia, lentamente forjada en capas superpuestas de color, paulatinamente elaboradas, un colorido peculiar, suntuoso, fruto de estudiadas y brillantes yuxtaposiciones; el poderoso fluir de sus orígenes étnicos, la fuerza mestiza que alienta en el arte de México, empapa su paleta con todas las calidades e intensidad de los azules nocturnos, la palidez de los malvas, el impacto violento de los púrpura, un espectro de naranjas, rosados, verdes, colores de las más primigenias civilizaciones que se concretan en símbolos irónicos o indescifrables, fascinantes para el profano, como los antiguos e inaccesibles jeroglíficos de los templos, como un ritual insólito y sobrecogedor. Todo cabe en su obra, desde la preocupación cósmica por el destino humano hasta la vida erótica.
Su obra como muralista, ciclópea y hecha en el más puro «mexicanismo», culmina en el mural El Día y la Noche. Realizado en 1964 para el Museo Nacional de Antropología e Historia de México, simboliza la lucha entre el día (serpiente emplumada) y la noche (tigre). Ese mismo año recibió el Premio Nacional de Artes. Sus últimos trabajos monumentales datan de 1967 y 1968, cuando por encargo gubernamental realizó los frescos para los pabellones de México en la Exposición de Montreal y en la Feria Internacional de San Antonio (Texas). A partir de entonces, retirado casi, se dedicó de lleno a transmitir el saber acumulado en su larga e intensa vida artística.
Pero, como ya se ha dicho, la parte más significativa de su obra corresponde a su pintura de caballete, que no abandonó hasta poco antes de su muerte. Entre sus numerosas obras hay que citar Hippy en blanco (1972), expuesto en el Museo de Arte Moderno, o Dos mujeres (1981), en el Museo Rufino Tamayo. Su interés por el arte precolombino cristalizó al inaugurarse en 1974, en la ciudad de Oaxaca, el Museo de Arte Prehispánico Rufino Tamayo, con 1.300 piezas arqueológicas coleccionadas, catalogadas y donadas por el artista.
viernes, 13 de julio de 2012
BOX MEXICANO EN LOS JUEGOS OLIMPICOS
Los boxeadores mexicanos Óscar Valdez, de la divisióngallo, y Óscar Molina, de la welter, apostarán en Londres 2012 a terminar con la sequía de medallas olímpicas de ese deporte, aseguró Ricardo Contreras, presidente de la Federación Nacional.
"Valdez ha sido considerado por la Federación Internacional y los medios como un serio aspirante a medalla, ganó bronce en el Campeonato Mundial del 2009 y eso lo sitúa como un fuerte candidato en Londres", dijo a Efe Contreras.
El pugilismo es el deporte que más preseas olímpicas ha dado a México, con dos de oro, tres de plata y siete de bronce, pero desde que el peso ligero Christian Bejarano ganó bronce en Sydney 2000, el país no ha ganado nada en los Juegos.
"Hace mucho tiempo que no podíamos conjuntar dos elementos con un palmarés tan parejo; Óscar Molina también tiene mucha calidad", explicó Contreras, aunque recordó que a diferencia del peso gallo, la categoría en la que los mexicanos suelen brillar más, en welter no han conseguido nunca un triunfo olímpico.
Los dos boxeadores mexicanos que competirán en Londres se entrenan en el volcán La Malinche, a más de 4 mil metros de altura sobre el mar, de donde regresarán el próximo viernes para horas después viajar a Londres.
"Allá trabajarán la parte final para mejorar la velocidad y conservar el peso", señaló.
El torneo de boxeo de los Juegos Olímpicos comenzará el próximo 28 de julio cuando Valdés debutará en la ronda de los 32, un día antes de que lo haga Molina.
Además del boxeo, los deportes en los que México tiene más posibilidades de disputar preseas en Londres son saltos, taekwondo, arquería, futbol y atletismo.
martes, 3 de julio de 2012
JOSÉ GUADALUPE POSADA
(Aguascalientes, 1852 - ciudad de México, 1913) Pintor y caricaturista mexicano, famoso por sus litografías de escenas de muerte y estampas populares y caricaturas sociales, inspiradas en el folclore. Figura destacada del panorama artístico mexicano, José Guadalupe Posada desempeñó en él tan notoria influencia que su papel podría equipararse a la trayectoria del famoso douanierfrancés, Henri Rousseau, y a su impacto en la evolución del arte europeo de principios del siglo XX; en efecto, la revelación de la obra de Posada confirma su gran predicamento estético y da fe de su empeño en realizar un arte propiamente mexicano.
Poseía un talento natural para el grabado, y no sin haberse visto obligado a superar una empecinada oposición familiar, su padre le permitió ingresar, a los dieciséis años, en el taller profesional de Trinidad Pedroso, reputado maestro de quien aprendió los principios, métodos y secretos del arte litográfico. En estos primeros años de aprendizaje, el joven Posada manifestó una facilidad innata para la caricatura, de tal modo que su mentor logró introducirle en el mundo del periodismo y de la prensa gráfica como dibujante; y logró publicar sus primeras viñetas en el periódico El jicote (1871), cuando el artista acababa de cumplir los diecinueve años.
Influido por su familia, que seguía mirando con malos ojos su actividad un tanto bohemia y estaba empeñada en conseguirle una ocupación más segura, José Guadalupe ganó una plaza de maestro de litografía en la Escuela Preparatoria de León. A esta ciudad del estado de Guanajuato se había trasladado, en compañía de su maestro, en 1871. Fue profesor durante cinco años, aunque compartió la actividad didáctica con lo que le gustaba en realidad: la litografía comercial -textos de anuncios y carteles- y la estampación de imágenes religiosas.
Las graves inundaciones que asolaron León en 1888 le obligaron a trasladarse a Ciudad de México, donde le hicieron rápidamente ofertas para trabajar en distintas empresas editoriales, entre ellas la de Irineo Paz. Allí elaboró cientos de grabados para numerosos periódicos: La Patria Ilustrada, Revista de México, El Ahuizote, Nuevo Siglo, Gil Blas, El hijo del Ahuizote, etcétera. Su nombre cobró una fama inesperada y su cotización se disparó, alcanzando cimas que pocos meses antes le habrían parecido inimaginables. Esta repentina bonanza económica le permitió abordar una serie de experimentos gráficos que culminaron con la exitosa utilización de planchas de cinc, plomo o acero en sus grabados.
A partir de 1890, sus trabajos gráficos ilustraron las publicaciones, de carácter nacionalista y popular, del impresor Antonio Venegas Arroyo: historietas, liturgias de festividades, plegarias, cancioneros, leyendas, cuentos y almanaques, destacando La Gaceta Callejera y las hojas sueltas que incluían imágenes e información resumida de carácter diverso sobre "acontecimientos de sensación".
Las ideas de Posada eran de clara índole progresista y, al servicio de éstas, dibujó caricaturas y bocetos satíricos consagrados, en general, a elaborar una crónica de la vida mexicana de la época o a poner de relieve los sufrimientos de su pueblo bajo el yugo de los grandes terratenientes. Las sátiras de los políticos más influyentes de la época le costaron la cárcel en más de una ocasión. El gran número de encargos que se amontonaban en su taller le obligó a crear una técnica nueva, el grabado al ácido en relieve, mucho más rápida.
Su extensa producción gráfica, estimada en más de veinte mil grabados, realizados en litografía o planchas de metal, podría clasificarse como expresionista, puesto que recrea con extraordinaria imaginación, gran sentido humorístico y profunda capacidad crítica las lacras, miserias y prejuicios de la realidad social y política de su época.
Su obra abarca múltiples temas, entre los que cabría destacar las célebres "calaveras" o imágenes de ultratumba; los "desastres", que comprenden catástrofes de tipo natural (inundaciones, epidemias, sucesos astronómicos, nacimientos de seres monstruosos), accidentes, hechos sobrenaturales, crímenes y suicidios; los "ejemplos" o lecciones morales que pueden extraerse ante la perversidad y bestialidad humanas; sucesos sociales y políticos, donde sobresalen las viñetas referidas a las ejecuciones y los "corridos" revolucionarios; los milagros religiosos; la serie denominada Don Chepito, que narra las desventuras de un solterón ridículo, una especie de antihéroe; así como las imágenes captadas de la vida cotidiana con inigualable precisión e intención certera.
Posada fue considerado como un precursor del movimiento nacionalista en las artes plásticas por algunos de quienes lo protagonizaron: José Clemente Orozco, Diego Rivera, Francisco Díaz de León y Leopoldo Méndez. En 1933, veinte años después de su muerte, fue redescubierto por el pintor Jean Charlot, quien editó sus planchas y reveló la influencia de Posada sobre artistas de las posteriores generaciones. Gran dibujante, trabajador incansable y un gran técnico del grabado, Posadas murió, tan pobre como había nacido, en Ciudad de México, en 1913. Sus restos, que nadie reclamó, fueron sepultados en una fosa común.
martes, 26 de junio de 2012
ULTIMA LLAMADA PARA VOTO DESDE EL EXTRANJERO
Las boletas por correo
El Instituto Federal Electoral (IFE) hizo una última llamada a los mexicanos residentes en el extranjero y particularmente en Estados Unidos inscritos en la lista nominal para que a más tardar hoy envíen su votación vía postal para elegir presidente de la República.
"Seguimos con la promoción porque si todavía tienen el sobre en su casa o en el correo estamos a tiempo", dijo Dalia Moreno, coordinadora del voto de mexicanos en el exterior en entrevista con este diario.
Hasta el lunes, el organismo electoral recibió 35,835 sobres "postales voto" de los cuales 25,544 provienen de mexicanos residentes en Estados Unidos y 10,120 de 88 países. El listado nominal quedó integrado por 59,044 interesados.
El organismo electoral continuará recibiendo sobres votos hasta las 8 de la mañana del sábado 30 de junio, fecha y horario que señala la ley, pero hay que descontar el tiempo que tarda en llegar.
"No dejen de enviarlo, tal vez hasta el miércoles", calculó Moreno.
El próximo viernes habrá un operativo del IFE para recoger los votos enviados al apartado postal de Nuevo Laredo, pero el sábado a las 8:00 de la mañana será el límite para todos los envíos.
Los sobres voto que llegan a México son custodiados por militares desde su llegada al Aeropuerto Internacional del Distrito Federal hasta la Jornada Electoral del domingo 1 de julio.
Ese día los votos serán contabilizados en el Tecnológico de Monterrey Campus Ciudad de México en 209 mesas integradas cada una por cuatro funcionarios de casilla: un presidente, un secretario y dos escrutadores.
Cuenta atrás para los votos
Habrá también representantes de los partidos políticos, observadores electorales y visitantes extranjeros que atestiguarán el proceso de conteo que iniciará a las 18:00 horas del domingo y podrá ser visto desde cualquier parte del mundo a través del micrositio (www.votoextranjero.mx) y de la página del IFE (www.ife.org.mx).
Las autoridades electorales consideran que la jornada ha sido exitosa a pesar del corto presupuesto para la promoción (alrededor de 1.5 millones de dólares): la participación de votantes ya superó el número de sobres voto que se recibieron en 2006, cuando se contabilizaron 32,632 de los 33,111 sobres voto recibidos.
Francisco Moreno, del Consejo de Federaciones Mexicanas en Estados Unidos, reconoció que la gratuidad en el envío y la simplificación en el llenado de solicitud animaron al electorado en Estados Unidos. "Todo fue más fácil", dijo en conversación telefónica, aunque lamentó la escasa promoción y los impedimentos legales.
El congreso mexicano ignoró hasta este año nueve iniciativas que empujaban el voto por internet, el uso de la matrícula consular para el sufragio o la credencialización en los consulados mexicanos.
"La participación de los migrantes en la vida política de su país es casi un milagro", observó Primitivo Rodríguez, uno de los impulsores del voto en el exterior desde 2006, cuando se permitió por primera vez y se hablaba de un potencial de tres millones de mexicanos en la Unión Americana con credencial del IFE.
El analista electoral subraya que a los impedimentos legales y la poca propaganda en el extranjero -no hubo compra de tiempo para promoción en radio ni televisión- se añade el escaso interés de los candidatos en el tema.
"En los debates sólo Josefina Vázquez Mota, del Partido Acción Nacional (PAN) dedicó dos minutos y medio al tema de los migrantes y el resto nada: los migrantes son los últimos en el interés político a pesar de que sin el dinero que envían ya hubiera habido una guerra civil", comentó. "Así que aunque sea un voto desde fuera es un acto de heroicidad".
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